Lectura bíblica: Josué 1:1-9
Josué recibió una responsabilidad enorme en uno de los momentos más sensibles de la historia de Israel. Moisés había muerto. El hombre que durante años había guiado al pueblo ya no estaba. Ahora Josué debía ponerse al frente, cruzar el Jordán y conducir a una nación entera hacia una tierra que todavía presentaba desafíos.
Imagina por un momento lo que pudo pasar por su mente.
¿Y si no puedo hacerlo? ¿Y si el pueblo no me sigue? ¿Y si fracaso? ¿Y si los enemigos son demasiado fuertes? ¿Y si no soy como Moisés?
La Biblia no nos dice exactamente cuáles fueron sus pensamientos, pero la respuesta de Dios deja claro que Josué necesitaba fortaleza y valor. Varias veces, en pocos versículos, Dios le insiste: sé fuerte, sé valiente, no tengas miedo, no te desanimes.
Lo sorprendente es la razón que Dios le da.
No le dice: “No tengas miedo porque todo será fácil”.
No le dice: “No tendrás enemigos”.
No le dice: “Nunca cometerás errores”.
Le recuerda algo mucho más profundo: Dios estará con él.
Ahí comienza la valentía bíblica.
La valentía no es negar que existe un problema. Tampoco consiste en repetir que todo saldrá exactamente como queremos. La valentía nace cuando reconocemos que el problema es real, pero también recordamos que la presencia de Dios es real.
El miedo tiene una manera particular de trabajar. Toma una posibilidad y la convierte en una película completa.
“¿Y si pierdo el trabajo?” se convierte en “voy a perderlo todo”.
“¿Y si el estudio médico sale mal?” se convierte en una larga cadena de escenarios dolorosos.
“¿Y si mi hijo toma una mala decisión?” termina convirtiéndose en una historia que todavía no ha ocurrido.
La mente intenta protegernos anticipando peligros, pero puede terminar obligándonos a sufrir hoy situaciones que quizá nunca sucedan.
Jesús habló de esto en Mateo 6:25–34. No trató las preocupaciones de la gente como si fueran ridículas. Habló de alimento, vestido y necesidades reales. Pero enseñó a sus discípulos a no vivir presos del mañana.
Hay una diferencia entre prepararnos y vivir preocupados.
Prepararnos pregunta: “¿Qué puedo hacer responsablemente hoy?”
La preocupación obsesiva pregunta: “¿Cómo puedo controlar todo lo que podría suceder mañana?”
Lo primero puede llevarnos a una acción sabia. Lo segundo nos agota.
Quizá hoy tienes una razón concreta para sentir miedo. No tienes que fingir que no existe. Puedes ponerle nombre delante de Dios.
“Señor, tengo miedo de perder esto.”
“Señor, tengo miedo de recibir aquella noticia.”
“Señor, tengo miedo de equivocarme.”
“Señor, tengo miedo de quedarme solo.”
La fe comienza muchas veces con una oración así de sencilla.
David hizo algo parecido. En varios salmos expresó temor, angustia y tristeza. No escondió sus emociones para parecer espiritual. Las llevó delante de Dios. Y mientras hablaba, recordaba quién era Dios.
Eso también podemos hacerlo nosotros.
Cuando el miedo diga: “No vas a poder”, responde: “No necesito poder con todo al mismo tiempo; necesito dar el siguiente paso con Dios”.
Cuando el miedo diga: “Estás solo”, recuerda Josué 1:9.
Cuando el miedo diga: “Tienes que resolver el futuro esta noche”, recuerda que el mañana todavía no ha llegado.
No necesitas recibir hoy la fuerza para todo el año. Necesitas gracia para este día.
Una escena para recordar
Piensa en un niño pequeño caminando por un lugar oscuro de la mano de su padre. El pasillo sigue oscuro. Los sonidos siguen allí. El niño quizá todavía siente algo de miedo. Pero hay una diferencia decisiva: no camina solo.
La presencia no siempre elimina inmediatamente la oscuridad. Muchas veces cambia la manera en que la atravesamos.
Eso es lo que Dios ofreció a Josué.
La promesa fue dada primero a Josué dentro de una responsabilidad concreta en la historia de Israel. No significa que cada proyecto personal tendrá el resultado que deseamos. Sin embargo, el conjunto de la Escritura sí muestra que quienes pertenecen a Dios pueden acudir a él con confianza y caminar en obediencia sin depender de una garantía de comodidad (Hebreos 13:5-6).
Y eso es lo que necesitamos recordar nosotros.
Verdad para hoy
No necesito conocer todo lo que ocurrirá. Necesito recordar quién está conmigo hoy.
Para pensar y escribir
- ¿Qué situación está produciendo más miedo en mí en este momento?
- ¿Qué parte de ese miedo corresponde a algo real de hoy y qué parte pertenece a escenarios que todavía no han sucedido?
- ¿Qué puedo hacer responsablemente hoy?
- ¿Qué necesito dejar en manos de Dios porque está fuera de mi control?
- ¿Cómo cambiaría mi manera de enfrentar este día si realmente creyera que Dios está conmigo?
Un paso para hoy
Escribe en una hoja una sola frase: “Hoy me preocupa…” y completa la oración con honestidad. Debajo escribe: “Pero hoy Dios está conmigo.” Guarda esa hoja y vuelve a leerla al final del día.
Oración
Señor, tú conoces lo que me da miedo, incluso aquello que no he contado a nadie. No quiero fingir que soy más fuerte de lo que soy. Te entrego mis pensamientos, mis preguntas y los escenarios que mi mente no deja de imaginar. Ayúdame a ocuparme de lo que sí puedo hacer hoy y a confiarte lo que no puedo controlar. Recuérdame, una y otra vez, que no camino solo. Dame valor para el siguiente paso. Amén.