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Capítulo 03

Dios no está tan lejos como piensas

Hechos 17:27 · RVR1960

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Capítulo 3: Dios no está tan lejos como piensas

Pasaje Bíblico Principal:

«...para que busquen a Dios, si de alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros»

— Hechos 17:27

Los anteojos perdidos

Un hombre se despierta por la mañana con un dolor de cabeza persistente y una gran confusión. Intenta leer las noticias en su teléfono, pero la pantalla se ve borrosa. Desesperado, comienza a buscar sus anteojos por toda la habitación: revisa debajo de las cobijas, abre los cajones del buró, camina hacia la sala, busca sobre la mesa de la cocina, se agacha para mirar debajo del sofá, sintiéndose cada vez más frustrado y estresado por no poder encontrarlos. De repente, al pasar frente al espejo del pasillo, se detiene asombrado: lleva puestos los anteojos desde el momento en que se levantó de la cama. Había estado buscando con desesperación algo que ya llevaba consigo, algo que estaba más cerca de lo que jamás imaginó.

La explicación del corazón

El apóstol Pablo pronunció este discurso en el Areópago de Atenas, una ciudad llena de filósofos que buscaban la verdad a través del intelecto humano y que habían construido altares al "Dios no conocido". Pablo les revela que el Creador del universo no es una deidad distante, caprichosa o inaccesible que habita en fríos templos de piedra hechos por manos humanas.

El texto nos enseña una verdad sumamente reconfortante: la Palabra de Dios está sumamente cerca de ti, en tu boca y en tu corazón. No necesitas escalar los cielos más altos ni cruzar mares profundos para traer su presencia a tu vida, porque Dios ha descendido a nuestro propio nivel para caminar a nuestro lado. Dios no se esconde de las personas; Él anhela ser conocido íntimamente y se dispone con agrado al lado del que le busca con sencillez de corazón.

Para tu camino

Solemos pensar que para encontrarnos con Dios debemos viajar a un santuario lejano, participar de ritos sumamente complejos o ser personas perfectas y místicas. Pero el evangelio nos revela que Dios se hace presente en medio de nuestra cotidianidad, de nuestras crisis y de nuestros desiertos espirituales. No necesitas buscarlo con desesperación por todo el mundo; Él ya está a la distancia de un suspiro honesto. Solo necesitas detener tu agitación y permitirle abrir tus ojos espirituales para ver su mano de amor cuidando de ti hoy.

Verdad para hoy: Dios no es una idea abstracta ni un juez distante; su presencia te rodea hoy y está al alcance de una oración sincera.

Preguntas para reflexionar:

  1. ¿Has sentido alguna vez que Dios es un ser lejano que no se preocupa por tus problemas diarios?
  2. ¿Cómo cambia tu actitud saber que Dios te conoce por nombre y que está cerca de ti en este momento?
  3. ¿Qué "templos humanos" o ideas equivocadas necesitas abandonar para buscar al Dios vivo hoy?

Un paso práctico: Detén tu marcha por un momento ahora mismo. Mira a tu alrededor e identifica tres detalles sencillos que testifiquen del cuidado, la belleza o la bondad de Dios en tu vida hoy.

Una oración para empezar: «Padre celestial, te pido perdón por haberte buscado en templos de piedra, en ritos vacíos o en filosofías humanas frías, pensando que estabas lejos de mí. Gracias por recordarme hoy que estás a mi lado, que me rodeas con tu amor y que escuchas cada uno de mis suspiros. Abro mis ojos espirituales para ver tu bondad en mi caminar diario. En el nombre de Jesús, Amén».